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Reviews

Arte

 

Descubrí las cajas BonySound a través de las publicaciones de la marca en Facebook, y pude verlas y escucharlas en directo en la feria AVM de Madrid –mayo de 2018–. Tuve entonces ocasión de charlar con su padre –el ingeniero Maximino Tomás López– y apreciar que detrás de un diseño, digamos único y aparentemente estético, hay muchas ideas, muchas pruebas y mucha ciencia. Enseguida me llamó la atención un sonido inesperado. Confieso que cuando me pongo delante de una caja acústica dotada de los altavoces alemanes Accuton cerámicos –reconocibles por su color blanco entre otras cosas–, estoy a la defensiva. Mi experiencia con esas cajas es un poco el contrario a cuando los altavoces usan conos de papel, con los que doy por hecho cierta calidez o un timbre más natural. Sé que es un prejuicio algo irracional, sin duda, pero “hay algo” en ello porque hubo un momento de cierta proliferación de conos cerámicos cuyo sonido rozaba lo analítico –en demasía–. Nada de eso me parecía apreciar en las BonySound, y han tenido que pasar unos cuantos meses hasta tenerlas por fin en mi salón y poderlas juzgar bien.

 

BonySound

 

BonySound es la obra como decía más arriba de un ingeniero, Maximino Tomás López, que no se ha dejado llevar por corrientes o modas y ha decidido, con las ideas muy claras, llevar a la realidad sus ideas acerca de cómo tiene que ser una caja acústica. Como un instrumento musical, una caja acústica debe responder a ciertas exigencias estructurales, y su respuesta ante las vibraciones y el sonido cambia según las tensiones de sus paredes. Sus cajas están fabricadas usando únicamente contrachapado de abedul de unos 15 mm de espesor: cortan decenas de placas que se ensamblan, y mantienen unidas a cierta tensión mediante varias varillas pasantes con tuercas en sus extremos para controlar esa tensión. Los recintos se componen –además de por esas piezas– de dos partes principales, el frontal que sujetará los altavoces, y el cuerpo o caja en sí. El ajuste final se hace a mano, caja por caja, conociendo las tolerancias de fabricación y provocando la tensión deformando ligeramente la estructura hasta un punto de equilibrio prefijado. Igual que un instrumento se “afina” a una nota, BonySound afirma que busca así un grave controlado y rápido. 

 

En cuanto al uso de los Accuton, confesé mi digamos manía hacia esos altavoces cerámicos y mi sorpresa por haber decidido usarlos. Por lo visto los descubrieron de casualidad, cuando estaban evaluando materiales diferentes para sus drivers: papel, carbono, fibra, metal… y cerámica con estos. Reconocen que necesitan un ajuste particular, y buen rodaje, y los Symphony que probé llevaban detrás tres años de pruebas y desarrollo. Pero que les pareció lo más prometedor para sus objetivos, y una vez bien ajustados ofrecen una sonoridad, armónicos limpios y excelente escena que no han encontrado con otros. Además pronto van a ofrecer como opción pasar a los Accuton de la serie Diamond, con propiedades aún mejores.

 

Las BonySound Symphony II que probé –versión Silver– montan un tweeter de 1’2 pulgadas de cono cerámico invertido, y un mid-woofer de 7 pulgadas también cerámico. El imán del tweeter es de neodimio, algo que se reserva en el mid-woofer para la versión Gold de estas cajas, además de componentes algo mejores en el filtro, pues las mías ya llevaban Mundorf CFC y Silver Supreme. Declaran buena sensibilidad –89 dB, yo diría que unos 3 dB optimistas visto cómo ajusté volúmenes en mi equipo– y una impedancia en principio “fácil” –8 Ohm–, con una respuesta en frecuencia desde 38 Hz gracias a la caja con salida bass-réflex frontal, y extendiéndose hasta 25 kHz. El precio de la pareja es de 14.500 euros, o 17.100 euros para las versiones Gold, a la que de querer añadir el tweeter Diamond habría que sumar otros 3.700 euros. Mis cajas sirven de “demo” y no tenían las fundas con las que se venden –en piel artesanales, yo tenía unas de tela– ni sus pies, ViaBlue –conos normales en mi caso–

 

Vista, tacto… ¡oído!

 

No olvido la sensación de sorpresa cuando vi imágenes de las BonySound por primera vez, ni que al verlas en directo me parecieron un poco menos extrañas o, digamos, barrocas, pero todavía “especiales”. Tenía ese recuerdo cuando Maximino me trajo esta pareja a casa para la prueba, y esa noche llegó la gran prueba de fuego, cuando llegó ella a casa: “cariño ¿has visto en el salón los altavoces que voy a probar?”. La respuesta fue una mezcla de asombro y admiración: ¡le gustaron! De hecho me hizo ver lo especiales que son, “un objeto de arte” afirmó literalmente. Al verlas le daban ganas de tocarlas, de pasar las manos por la madera, por las inserciones de latón… tocarlas y experimentarlas de cerca. Desde ese momento miré las BonySound con otros ojos, lo reconozco, pues debo tener menos sensibilidad y no había apreciado ese lado artístico de las cajas. Pasadas unas semanas ya con ellas, la verdad es que cada vez que las veo me gustan más, y pasé más tiempo del habitual haciéndoles fotos y repasándolas porque creo que no les hacen justicia: realmente hay que verlas y tocarlas en directo. Pero hablemos de cómo suenan…

 

Ya comenté antes que cuando me pongo delante de una caja acústica con los Accuton me pongo un poco a la defensiva, y que mi anterior experiencia –breve y en una sala extraña– con estas cajas fue muy diferente. Lo pude confirmar enseguida en mi propio sistema: las BonySound no suenan en absoluto agresivas ni se pasan de “analíticas”, eso es algo que desde los primeros instantes queda claro. Como nuestros lectores recordarán, suelo probar prácticamente todo en mis dos “ambientes” –salón y sótano– pero igual que renuncié a subir las tremendas Legacy al salón con sus dos graves de 10 pulgadas por banda, precisamente el salón me pareció la sala perfecta para estas Symphony II. Aquí tenemos un “dos vías” con una caja relativamente compacta –no sé cuántos litros tendrán pero no son muchos con menos de un metro de alto y paredes tan espesas– y réflex frontal, unas cajas atractivas además, que están destinadas a decorar un ambiente doméstico y deben funcionar sin grandes exigencias acústicas de sala.

 

Empezaré, pues, por ese aspecto: realmente las Bony Symphony no son nada críticas en cuanto a colocación, ni ponen en aprietos a la sala. Probé a tenerlas más o menos cerca del punto de escucha –y más o menos lejos de la pared trasera–, orientadas directamente –lo recomendado– o algo abiertas, más o menos separadas entre sí… y nunca hubo un cambio muy notable en el sonido apreciado en cuanto a reparto de frecuencias, coherencia o escena. Como más me gustaron fue efectivamente apuntando directamente a cada oído, a idéntica distancia de estos y sin dejar demasiado espacio con la pared trasera –en mi sala eso implica de todas formas un buen metro desde el frontal–. En cuanto al grave, luego incidiré en ello pero estas cajas me sorprendieron por tener un grave muy extendido –más abajo en la sala que esos 38 Hz declarados–, pero con una bajada muy lineal… casi parecían cajas cerradas. O sea, en resumen, que son muy amigables con un entorno doméstico normal.

 

En cuanto a sus exigencias con la electrónica, al ser cajas de timbre “amable” no me parecieron puñeteras en cuanto a fuentes o cables. Pero sí que agradecen una amplificación digamos firme detrás: esos 89 dB y 8 Ohm declarados pueden llevar un poco a engaño, pero la “potencia recomendada” de 120 a 170 W ya da mejores pistas. Empecé mis pruebas con mi integrado de válvulas –son 60 W de cuatro EL34 en Clase A por canal– y ahí ya aprecié ese sonido tirando a cálido: este amplificador es muy neutro y no hubiera disimulado otro carácter. Pero echaba de menos un poco más de cuerpo, de carne en los huesos, cosa que precisamente con unas EL34 es raro… Apenas hacía unas horas que me las habían dejado, y empezaba a pensar si me equivoqué al renunciar a que me dejaran también el subwoofer que BonySound tiene a juego con ellas –y con las que casi siempre se prueban–. Me estaba gustando lo que escuchaba, pero me seguía faltando algo: pocos días tardé en probar otras cosas, con mejores resultados, y confirmando que estas cajas agradecen una amplificación potente detrás. Con válvulas pueden funcionar bien, pero habría que probar más cosas y quizás salas más pequeñas que mis casi 30 metros cuadrados.

 

Afinar y optimizar

 

Con la pareja de etapas Hypex Ncore de 400 W la cosa cambió radicalmente. La parte media y alta no perdió ese toque humano pero preciso que me estaba seduciendo con las válvulas, pero por abajo apareció una extensión sorprendente, hasta por debajo de los 30 Hz, y cierto impacto cuando la música lo tenía. Similar resultado obtuve con un integrado que será un clásico –Denon PMA-2000–, de nuevo con transistores y garra: a costa de perder algo de transparencia, el sonido mantenía una buena coherencia en todos los registros y podías pasar horas escuchando la combinación. La guinda llegó cuando apareció en casa, para una próxima prueba, un amplificador suizo que combina garra y dulzura: el darTZeel LHC-208 que además tiene DAC y reproductor en red integrados.

 

Ésa fue la pareja con la que completé esta prueba porque, aunque las otras combinaciones –con transistores o Clase D– funcionaron muy bien, el darTZeel está a un nivel superior y estas cajas saben sacarle provecho. Además del citado sonido “amable” en general, de las BonySound Symphony destacaría la transparencia que tienen y la precisión con que reproducen la escena sonora. Una escena que se presenta amplísima, bien por fuera de la ubicación física de las cajas, y profunda, también más allá de donde queda la pared trasera. La transparencia permite apreciar inflexiones en las voces, detalles en agudos, cómo se pierde el sonido de un triángulo o platillo… realmente sientes que las cajas “iluminan” esa escena. La capacidad de estas cajas de descender a frecuencias casi subsónicas es sorprendente: en mi salón la cosa tiene algo de trampa porque hay un potente modo de sala en 35 Hz que “estira” artificialmente hacia abajo la extensión de cualquier caja –o la convierte en un problema si tiene ahí un pico–, pero para que eso ocurra la caja debe ser capaz de radiar algo de energía a esa frecuencia.

 

Sea como fuere, escuchándolas las Bony Symphony reproducían con alegría y claridad las frecuencias subterráneas de temas de Ludovico Einaudi o Madonna, incluso el famoso timbal del “Hotel California” de los Eagles estaba tan presente como cuando tengo puestas mis 802D, que es mucho decir (!). Faltaba algo de impacto, de efecto terremoto, en comparación, pero a cambio había una limpieza y rapidez superiores: los temas con contrabajos protagonistas junto a una voz –Silvia Pérez Cruz o Martirio por ejemplo– eran deliciosos, puedes seguir la mano y los dedos sobre las cuerdas del bajista como si lo tuvieras delante y no tuviera puesta amplificación –que, en directo, a veces exagera–. Hablaré más del amplificador integrado darTZeel “pequeño” cuando toque –prometo que pronto–, pero la combinación de su sonido tirando a cálido y fluido, con la precisión y transparencia de las BonySound, y un toque de relleno en graves, resultó un acompañamiento más que perfecto para las semanas navideñas. ¡Nunca sonó tan bien el Concierto de Año Nuevo!

 

Conclusión

 

Me chocó el aspecto de las cajas Bony Sound cuando las descubrí, y me sorprendió su sonido cuando empecé a poder escucharlas. Su estética, de gran inspiración en el arte y arquitectura españoles, desde luego llama la atención y aprendes a apreciarlo, incluso quererlo: de todas formas ofrecen diferentes acabados, por ejemplo con menos inserciones metálicas. Las cajas que tuve tenían un trabajo extraordinario, no quiero ni pensar las horas que llevará todo eso y aunque el precio no es bajo… madre mía, efectivamente dan ganas de tocarlas y verlas de cerca. Pero sobre todo me ha convencido cómo unos altavoces que yo tenía por demasiado analíticos dan para ofrecer un sonido fantástico, emocionante, agradable. Y, sí, también analítico, pero no en el sentido peyorativo del término, sino por su capacidad de transportarnos a la escena de la grabación. No sé si serán las mejores “dos vías” que haya escuchado, quizás sí lo son, pero sí están seguro entre las mejores, con una bajada en graves increíblemente lineal, sin altibajos. Si ese subwoofer suyo está en esta línea, realmente debe formar con ellas un conjunto formidable, pero para salas de tamaño moderado o medio estas cajas merecen nuestra recomendación. Hay que verlas en vivo y sobre todo escucharlas. 

 

Puntos destacados

 

+ El sonido más cálido que hemos escuchado de los altavoces cerámicos Accuton

 

+ Timbre natural, pero una transparencia que deja pasar el carácter de la electrónica

 

+ Escena sonora muy precisa y de notable profundidad

 

+ Estética única con acabados artesanales: son obras de arte

 

– Pueden requerir el subwoofer opcional –propio– para tener más impacto en graves

01-2019: Symphony II en Hifilive Magazine por Josep Armengol

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